Cinco países toman posiciones para explotar los recursos del POLO NORTE cuando se deshiele.
Rusia le ha ganado la partida a EEUU: esta vez han llegado antes. Dos batiscafos rusos alcanzaron en agosto por primera vez en la historia el fondo marino del Polo Norte. La misión, a juzgar por la reacción de los expedicionarios, ha alcanzado la dimensión de hito. “Fue como colocar una bandera en la Luna”, aseguró Anatoli Sagalevich, el piloto que posó en el lecho marino el minisubmarino Mir-1.
La bandera que pusieron a 4.261 metros de profundidad –fabricada en titanio para que resista la corrosión– es todo menos un testigo mudo. Con este símbolo, Rusia reivindicaba la propiedad sobre parte de la plataforma continental oculta bajo el hielo ártico, que alberga, según las estimaciones de los expertos, un 25% de las reservas mundiales de gas y de petróleo. Una golosina energética a la que previsiblemente podrá accederse cuando, dentro de cinco o seis décadas, se derrita el casquete polar como consecuencia del cambio climático. La enseña de titanio es, en opinión de muchos, el símbolo de la moderna “guerra fría”.
OBJETIVO ESTRATÉGICO
El Ártico ha dejado de ser algo de lo que se hablaba hasta hace poco en términos románticos de desafío y aventura para convertirse en un objetivo geoestratégico. Además de las riquezas naturales, la desaparición del casquete helado abrirá nuevas rutas marítimas por zonas hasta ahora intransitables, lo que beneficia a Rusia, porque siempre ha tenido un problema de acceso a mares cálidos; pero por otra parte permitirá a las potencias occidentales controlar mejor su costa septentrional.
Según Carlos Taibo, profesor de Ciencia Política de la Universidad Autónoma de Madrid: “Es innegable que Rusia desea recuperar el peso internacional que le corresponde por su tamaño y por la riqueza en materias primas que atesora”. La política que abraza el Gobierno de Vladimir Putin tiene una larga tradición entre las potencias occidentales, que llegaron a crear imperios coloniales basados en intereses económicos. Y sigue aplicándose hoy. La única novedad es que se han incorporado nuevos protagonistas. En otro escenario más cálido que el Polo Norte, en África, China y Estados Unidos libran otra batalla de la nueva guerra fría a propósito de la riqueza petrolífera de la zona. En los últimos meses, China ha dejado fuera de juego a Washington y al FMI dando créditos en dólares sin condiciones a países como Sudán y Chad. El objetivo: acceder a materias primas.
Publicado en Quo
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