Los hospitales italianos no tienen muy buena reputación entre sus propios ciudadanos y los diarios pueden garantizarse un buen escándalo en cualquier momento de sequía mandando un fotógrafo a escondidas a algún gran hospital. Es lo que ha hecho el semanario L’Espresso, que lleva dos números de denuncia revelando casos de suciedad, abandono, inseguridad y caos en las clínicas nacionales.
Pero el último número iba más allá: el director general del Policlínico Umberto I de Roma, uno de los más grandes de Europa, asegura que hace un año ordenó escoltar los cadáveres porque eran desvalijados de pertenencias, joyas, ropas y… ojos. “Basta un oculista sin escrúpulos y se extrae una córnea en pocos minutos, dos prótesis de vidrio y los párpados cerrados pueden ocultar la profanación”, ha explicado Ubaldo Montaguti.
Según ha denunciado, causando una gran escándalo ayer en Italia, el centro recibió un aviso de la Fiscalía sobre el riesgo de que se dieran estas prácticas, para vender las córneas en el mercado de trasplantes, probablemente en el extranjero, y por esa razón decidió vigilar los cuerpos. Aunque este dirigente admite que no hay casos confirmados lo cierto es que un vigilante custodia cada muerto en este hospital “para que no le roben los ojos” y desde luego sí se han dado hurtos de bienes y ropas.
Heces en las paredes
Los oftalmólogos italianos han recibido la noticia con escepticismo, pues aseguran que extirpar una córnea requiere una técnica, unas condiciones mínimas y puede llevar hasta media hora, por lo que consideran que difícilmente puede realizarse a toda prisa y corriendo en el sótano de un hospital. Además aseguran que ningún oculista se arriesgaría a cometer este delito, que por otro lado no tendría mucho sentido cuando hay bancos de córneas suficientes y no hay lista de espera para esa intervención. “No hay base para pensar en un tráfico de córneas destinado a un mercado ilegal nacional ni extranjero”, ha declarado sin rodeos el presidente de la Banca Europea de Ojos, Diego Ponzin.
En cualquier caso, éste es sólo el aspecto más llamativo del desastroso estado del Policlínico Umberto I, donde han aparecido gatos en los pasillos, zonas cochambrosas e incluso paredes que rebosan excrementos porque han estallado las cañerías. El director del centro, en el blanco de las críticas, ha decidido dar la cara y denunciar él mismo el deterioro harto de plantear los problemas y no recibir financiación suficiente.
El Gobierno de centro-izquierda de Romano Prodi, no obstante, ha reaccionado con celeridad y en una espectacular operación 1.500 agentes revisaron la semana pasada los principales centros, un total de 321. El balance, afirma el Ministerio de Sanidad, no es alarmante, pues sólo hubo situaciones denunciables en un 17% de los casos.
Publicado en Las Provincias
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