Hay dÃas en que el frÃo apreta y nos cubrimos con una buena bufanda hasta las cejas. No todas las partes del cuerpo responden de la misma forma ante el frÃo, o ante el calor, algunas son mucho más sensibles.
Los termorreceptores, un tipo de terminaciones nerviosas que se ramifican profusamente en la dermis y la epidermis, detectan las diferencias de temperatura que sufre nuestra piel. Las diferencias de temperaturas que pueden detectar los termorreceptores es de tan sÃlo 0,001 grados centÃgrafos, es decir, son receptores super sensibles y precisos.
Existen dos tipos de estos receptores térmicos, los del frÃo que abundan principalmente en los labios, la nariz, el mentón, el pecho y los dedos; y los del calor, que se concentran en la punta de los dedos, los codos y la nariz.
Los receptores más sensibles se hallan en el cerebro ya que éste necesita una temperatura constante de 37ºC -nunca superior a los 40,5º- para que nos funcione de forma correcta.
Un lugar del cuerpo masculino que necesita también mantener una temperatura estable son los testÃculos, unas décimas de temperatura de más o de menos altera la producción de espermatozoides.
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Protegernos la cabeza con un sombrero es la mejor forma de mantener a nuestro cerebro ajeno a las altas o bajas temperaturas del exterior.
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Yo estuve viviendo en Estocolmo y allà hace un frÃo intenso. Aprendàque es muy importante protegerse del frÃo con unos buenos guantes, bufandas y gorros. También, en épocas de mucho frÃo, es casi imprescindible llevar una gafas que evitarán que se nos congelen los ojos.
SÃ, las extremidades son las partes más susceptibles a sufrir congelaciones. En especial aquellas zonas que quedan lejos del corazón.